La demanda de obras continúa en crecimiento, pero enfrenta un escenario de división política, económica y social, que podría frenar la expansión, de acuerdo con un informe de KPMG International.

CIUDAD DE MÉXICO — Este año, el desarrollo de infraestructura en el mundo enfrenta dos fuerzas contrarias: las nuevas tecnologías que pueden generar progreso sin precedentes y las divisones social, financiera y política, que amenazan con frenar proyectos, advierte el informe Tendencias globales en infraestructura 2018, realizado por KPMG International.

El estudio identifica las tendencias y desafíos más grandes para los proyectos este año a nivel global.

Señala que la demanda en infraestructura sigue creciendo y empujando al mismo tiempo el crecimiento económico en el mundo pero advierte que las políticas divisivas que predominan a nivel global podrían provocar que muchos planes comiencen a detenerse debido a la indecisión gubernamental y social.

“Derivado de la disrupción, confusión e incertidumbre generadas el año pasado, sería muy fácil mostrarse pesimista con respecto a las perspectivas de un desarrollo eficaz de la infraestructura en todo el mundo”, dice Ignacio García de Presno, socio líder de Asesoría en Infraestructura de KPMG en México, a través de un comunicado.

“La demanda sigue en aumento globalmente; de hecho, entre más infraestructura se construye, más se conecta al mundo incrementando su resiliencia frente a los riesgos políticos locales”, agrega.

Este año, el estudio identifica varios puntos que conllevan ventajas y desventajas. Por ejemplo, la tecnología podría permitir un progreso sin precedentes, o podría volver obsoletos los modelos actuales de planeación.

Por otra parte, los esquemas innovadores de precios y financiamiento podrían liberar la inversión masiva o exacerbar problemas de desigualdad social y económica.

Los 9 retos

  1. El choque de fuerzas en conflicto

Ante un mundo fracturado, los creadores de las políticas públicas deberán concentrarse en construir conexiones entre puntos de vista opuestos y encontrar mecanismos para equilibrar las necesidades de todos los interesados.

Los gobiernos reconocen que el incremento de la inversión en infraestructura ayudaría a solucionar muchos de los retos a largo plazo que enfrentan; sin embargo, el ánimo es prudente ante los obstáculos que se encuentran en el futuro cercano.

  1. Planeación a futuro

En una era en donde el desarrollo tiene que ser veloz y radical, el problema es que la infraestructura no está al ritmo de los cambios que se están viviendo. Hoy se siguen desarrollando activos con expectativas de vida de 50 a 100 años y bajo el escenario de las necesidade de hoy y no del mañana.

Este año se espera que los desarrolladores diseñen y contraten proyectos que podrían respaldar diversos escenarios futuros.

  1. La sostenibilidad al centro

Para que los activos de infraestructura creen un valor a largo plazo y mejoren la convivencia social, hay que pensar mucho más en la sostenibilidad. Sin embargo, la visión actual sobre ésta es demasiado estrecha.

Abordar este concepto, significa ir más allá de los aspectos puramente de ingeniería y costos para considerar la viabilidad de los proyectos.

Se prevé que los debates en torno a este tema sean a partir de ahora más decisivos que nunca para usuarios y planeadores, así como para inversionistas y propietarios.

  1. Desarrollo acelerado

En los mercados maduros, la infraestructura puede tardar años en pasar de una idea a un resultado, incluso mejoras y remplazos que son muy necesarios tardan en concretarse.

El veloz ritmo de cambio en todo el mundo hace que sea vital que los responsables de la toma de decisiones enfoquen sus acciones con un sentido renovado de urgencia.

En los siguientes meses los mercados deberán reconsiderar el ritmo de su planificación y la entrega de proyectos. Para los que se encuentran en desarrollo, esto significaría una desaceleración para analizar bajo el microscopio conceptos como priorización, idoneidad, resiliencia y sostenibilidad de cada proyecto.

  1. La seguridad, como piedra angular

Los gobiernos deben de adoptar una postura propositiva hacia la seguridad, tanto en la planificación como en la operación, ya que la infraestructura está continuamente bajo ataques y amenazas físicas o virtuales.

En 2018 tiene que haber un mayor enfoque en mejorar la seguridad de la infraestructura existente -para zonas públicas, rutas de tránsito masivo y peatones-, integrándola a los nuevos desarrollos.

  1. Equilibar entre financiadores y beneficiarios

En el futuro cercano, los ciudadanos estarán dispuestos a pagar por la infraestructura, siempre y cuando vean un cambio positivo para ellos.

Sin embargo, la situación se vuelve compleja cuando los contribuyentes que financiaron no se ven como los beneficiarios finales.

En la actualidad los gobiernos e instituciones financieras tienen que pensar de una forma más crítica sobre el equilibrio entre quien paga y quien se beneficia de una obra.

Aquellos mercados donde la devolución está interrumpiendo los modelos de financiamiento centralizados podrían observar las discusiones más complejas al respecto.

  1. Madurez de los modelos de precios

En los últimos años hemos visto la aparición de precios dinámicos. En el sector energético, por ejemplo, existen los cargos que se ajustan en tiempo real para reflejar la capacidad real, la oferta y la demanda.

A medida que la tecnología se sofistique, se espera que los reguladores se concentren en cómo balancear los modelos de precios dinámicos. Asimismo, surgirían nuevos esquemas dinámicos de fijación de precios aplicables por medio de una variedad más amplia de servicios.

  1. Apreciar el beneficio de compartir datos

Los datos se han convertido rápidamente en la columna vertebral del sector, ya que tienen el poder de transformar la forma en que gobiernos, responsables de la planeación, desarrolladores, propietarios y operadores gestionan la infraestructura e impulsan una experiencia del usuario radicalmente mejorada.

Distintos gobiernos intentan fomentar una mayor participación de la iniciativa privada en la infraestructura, lo que requiere que propietarios y operadores tengan acceso a esta información. Dicha apertura ya ha demostrado ser un catalizador clave para la innovación y el desarrollo de nuevas ideas.

Aunque en México la recolección y uso de datos es cada vez más palpable en la forma en que se diseña y opera la infraestructura, aún tienen que hacer importantes inversiones en muchos sectores de la infraestructura. La planeación en nuestro país debe abstraerse de divisiones políticas, atender más que nunca a las necesidades de los usuarios y tomar en cuenta las posibilidades de la tecnología.

  1. La convergencia de las clases alternativas de activos

En los últimos dos años, los cambios en curso en las inversiones en infraestructura se han destacado como una de las tendencias.

Hace dos años se sugería que, en busca de mayores rendimientos, los inversionistas más competitivos se mudarían a los mercados menos desarrollados, tomarían nuevos riesgos y ampliarían la definición del término ‘infraestructura’.

Es previsible que las líneas entre varias clases de activos continúen desdibujando una expansión en los fondos de capital destinados al sector de infraestructura. En los mercados desarrollados, esta tendencia está siendo impulsada por la búsqueda de nuevas oportunidades de inversión a largo plazo, pero en los mercados en desarrollo, el objetivo final parece ser capitalizar los crecientes niveles de industrialización.

Una mejor infraestructura conduce a tasas más altas, lo que a su vez crea crecimiento económico y prosperidad.

Marzo-abril 2018