El desarrollo del nuevo aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (CDMX) es el proyecto de infraestructura más grande del país. La vía de su financiamiento ha sido novedosa y denominada autofinanciable y aprovecha la entrada de nuevos instrumentos en el mercado como Fibra E

El esquema de Fibra E nace de la necesidad de financiar proyectos de infraestructura y energía mediante un esquema fiscal muy similar al de las demás fibras tradicionales (inmobiliarias), en el cual los inversionistas podrán recibir distribuciones (dividendos), derivadas de la operación de cada proyecto, y una posible apreciación de capital en el precio de los Certificados Bursátiles Fiduciarios (CBFI).

Un punto importante por el cual las afores han participado significativamente en el financiamiento de este mercado a través de las Fibras se atribuye a que los fondos de pensiones mexicanos se encuentran exentos en el pago de impuestos en las distribuciones del resultado fiscal, así como en la enajenación (venta) de los CBFI en el mercado.

Por lo anterior, las afores han mostrado un gran interés en la participación del nuevo aeropuerto de la CDMX a través de Fibra E. Este instrumento inauguró su salida en el mercado el 23 de marzo del 2018, bajo la clave de cotización FNAIM, siendo la tercera Fibra E en el mercado, posterior a la emisión de FVIA y FCFE, instrumentos con propósitos distintos de infraestructura y energía.

FNAIM puede comprarse y venderse en el mercado como cualquier otro instrumento listado en la Bolsa Mexicana de Valores. No obstante, los inversionistas deberán tener en claro el horizonte de inversión de este proyecto al igual que los potenciales riesgos y oportunidades.

La emisión de Fibra E para el financiamiento del nuevo aeropuerto internacional de la CDMX consistió en la colocación de Certificados Bursátiles Fiduciarios de Infraestructura y Energía por un valor unitario de P$100.0 y un rendimiento objetivo de 10.0% real anual. El monto de la transacción en México alcanzó una cifra de P$29,675 millones, incluyendo la opción de sobreasignación.

En relación con el financiamiento de la construcción del nuevo aeropuerto, se afirmó, por parte de la administración del actual aeropuerto de la Ciudad de México, que 70% del total sería aportado por inversionistas privados. Asimismo, es importante destacar que el proyecto sería autofinanciable, ya que los mismos usuarios estarán aportando para la construcción del nuevo aeropuerto mediante el pago de la Tarifa de Uso de Aeropuerto (TUA).

Se espera que el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México logre incrementar en 23% la capacidad actual del tráfico de pasajeros, ascendiendo a una cantidad de 55 millones de pasajeros al año, una vez que éste inicie operaciones y finalice su primera fase de construcción en octubre del 2020. Aproximadamente, entre 40 y 45% de la obra total estaría concluida para finales del 2018.

Respecto al financiamiento, el presupuesto original del aeropuerto se estableció en US$13,300 millones, de los cuales ya se han recaudado US$9,850 millones bajo el siguiente desglose: US$6,000 millones a través de bonos verdes, US$1,600 millones a través de la Fibra E, una línea de crédito revolvente  por US$1,000 millones y del Presupuesto de Egresos de la Federación, donde se destinaron US$1,250 millones. El resto de los fondos podrían provenir, además de la TUA, de más emisiones de deuda.

Respecto a la Fibra E, del total de P$30,000 millones invertidos, 45% fueron recursos de afores, 54% de fondos de inversión y 1% de inversionistas internacionales. Las afores que participaron en el financiamiento del proyecto fueron: Inbursa, Pensionissste, Profuturo y Afore XXI Banorte.

La emisión de certificados bursátiles busca un retorno de 10% en pesos en términos reales; no obstante, es importante recordar que los pagos no son garantizados. Con base en los estimados iniciales, el inversionista que participe el día de hoy en FNAIM asumirá un costo de oportunidad importante y tendrá derecho a recibir distribuciones o dividendos de esta inversión a partir del 1 de enero del 2021.

Cabe mencionar que en caso de una posible cancelación del proyecto, los pagos estarían respaldados por las operaciones del actual aeropuerto, generando una ampliación del plazo de inversión.

Consideramos que la inversión en FNAIM principalmente debe suponer los riesgos ante una posible transición política, que afecte el horizonte de inversión del desarrollo, las tasas de interés esperadas y las perspectivas inflacionarias en el mediano y largo plazos. Consideramos que estas variables incidirán de forma importante en la cotización de mercado de FNAIM.

Marzo-abril 2018