De Robert Greene y Joost Elffers, 2007, Editorial Océano, España.

La guerra es la que nos guía a forjar nuestras estrategias y desde la trinchera nos encontramos con la artillería de este libro: Las 33 estrategias de la guerra. No se deje vencer en tratar de encontrar la fórmula del éxito, porque el único camino y triunfo es personal, ya que toda transformación del ser humano, es un deber que sepa lo que uno no quiere ser, (vaya paradoja en saber decir: no gracias, no puedo, no quiero hacer, no quiero ser…) y así será más clara la noción de su identidad y propósito. Leer -en este caso este arsenal de libro- nos ayuda a tener la capacidad de trabajar nuestra mente para tomar decisiones y actuar con frialdad, y así llevar a cabo el curso de nuestra vida controlando las cálidas emociones; la vida es una batalla y no tenemos opción sino elección de combatir los conflictos de cualquier índole; necesitamos emplear una serie de estrategias para afrontar cada campo de batalla, ya sea en el amor, en la escuela, en el ámbito laboral, en las relaciones humanas; pues las estrategias surgen a partir de un conflicto. Y en estos tiempos de conflictos, urge que acudamos a la lectura para buscar su paz, ocúpese de este libro que tendrá sentido en su Guerra. Históricamente los seres humanos se han escudado de sus malas intenciones por la falta de honestidad -muy pocos son dignos de tan magno honor-, y uno está en constante enfrentamiento con esas relaciones destructivas porque no hay un compromiso que esclarezca el acuerdo lúcido de voluntades. Jenofonte, quien fue un filósofo griego, nos ilustra sin equivocación, que si te extravías en la confusión, sin lograr discernir entre los amigos y enemigos, sólo hay un culpable, y ése eres tú y si hay algún obstáculo que te impida avanzar, ese también eres tú. “El que no es conmigo, conmigo es”. Lucas 11, 23. En ocasiones puedes llegar a equivocarte que el enemigo es externo cuando es huésped de nuestra ignorancia. “No te inquietes por enemistarte con algunas personas; sin enemistad no hay batalla, y sin batalla no hay posibilidad de victoria”. Este libro te orienta desde los desórdenes mentales que has anidado, y la única opción para combatirlos es practicar la ardua tarea de la estrategia. “Lo que con mayor frecuencia te oprime y acarrea desgracias es el pasado”. Dejemos los apegos por una sencilla razón de fluidez y si vas a tomar riesgos que sean en otros caminos sin olvidar la meta del cauce. “La repetición remplaza a la creatividad”. Y Sun-tzu nos promueve el movimiento de nuestros actos: “Cuando he conseguido una victoria, no vuelvo a emplear la misma táctica otra vez, sino que, respondiendo a las circunstancias, varío mis métodos hasta el infinito”. En cada guerra -ganada o fallida- es obligación borrarla sencillamente, Vo Nguyen Giap tenía una regla -aún vigente- y muy simple: “Después de una campaña exitosa, se convencía de que en realidad había sido un fracaso. Así nunca se embriagaba con su éxito, ni repetía la misma estrategia en la siguiente batalla”. No dejemos de estar en movimiento, la Tierra nos sostiene en constante acción. Aún en exponerse a experiencias desagradables, tiene uno que practicar: “Lo que mejor te equipa para hacer frente al calor de la batalla no es más conocimiento ni intelecto. Lo que vuelve más fuerte a tu mente, y más capaz de controlar tus emociones, es la disciplina y reciedumbre interior”. Napoleón Bonaparte, gran estratega, con agudeza mental nos impulsa que “La primera cualidad de un general en jefe es tener una cabeza fría que reciba impresiones exactas de las cosas, nunca se acalore, nunca se permita deslumbrarse, o intoxicarse, por buenas o malas noticias”. Para obtener los resultados que uno quiere, creáse el hábito de no depender de nadie, y mantener la seguridad aún te equivoques, retomando el rumbo promoviendo la certeza de la confianza. Cuando uno se percata en qué consta el equilibrio, mayores probabilidades hallará de enderezarse. Ante el liderazgo, es primordial llevarla solo, porque “ningún bien puede provenir jamás del liderazgo dividido”. Además no olvidamos de la fuerza creativa de pensar por sí mismos, que es el motor autónomo que engrana nuestro proceder, pero a veces nos dejamos llevar mecánicamente a las decisiones ajenas, olvidándonos que caemos en una telaraña siendo presas de nuestros fracasos más ingenuos y desperdiciando el factor de creación. El tiempo es vital y ese es el que tenemos que cuidar porque no se recupera, en cambio el espacio, en cualquier momento se puede recuperar. Emprendamos una “tarea vital” de nuestra personalidad con acciones preventivas.“La comunicación es una especie de guerra, y su campo de batalla, la reacia y defensiva mente de la gente en la que quieres influir. La meta es avanzar, penetrar sus defensas y ocupar su mente”, aunque nos olvidamos de lo esencial: ofrecernos el perdón y a nuestros semejantes en cada guerra. “Aunque sabemos que algún día moriremos, creemos que los demás morirán antes que nosotros, y que seremos los últimos en irnos. La muerte parece muy lejos. ¿No es éste un pensamiento superficial? Es inútil, y es sólo una broma dentro de un sueño. […] Puesto que la muerte está siempre a nuestra puerta, deberíamos de esforzarnos lo suficiente y actuar con rapidez”. Hagakure.

Marzo-abril 2018