La seguridad privada tiene más elementos que las policías regionales pero su costo es igualmente formidable: hasta tres por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) regional, que no previene el uso excesivo de la fuerza y el tráfico de armas.

América Latina continúa siendo la región más violenta del mundo, con 17 de las 20 ciudades y cuatro de los cinco países más violentos del planeta”, hizo notar una introducción de Michael Shifter, presidente del organismo.

En algunos casos la epidémica violencia criminal, ha dado lugar al auge de la industria de seguridad privada en América Latina donde hay más de 16 mil. El reporte destacó que en todo el mundo los guardias de seguridad superan en número a los policías, “la brecha es mucho mayor en América Latina”.

Señaló por ejemplo que en Brasil, la relación es de cuatro a uno, en Guatemala, de cinco a uno, y en Honduras hay casi siete guardias privados por cada agente de policía. “Para los ciudadanos latinoamericanos que pueden pagarlo, la seguridad está a la venta”, precisó.

Shifter hizo notar que 43 por ciento de los latinoamericanos vive en constante temor al crimen y que la seguridad está en el tope de los intereses ciudadanos.

El documento destacó que los países de América Latina generalmente tienen los marcos legales para regular las actividades de la industria pero:

Carecen de la infraestructura para hacer cumplir las normas o responsabilizar a las compañías militares y de seguridad privadas cuando las incumplen”.

El resultado, en los casos más preocupantes, “es que estas empresas se convierten en milicias privadas responsables ante todo de su benefactor en lugar del estado de derecho”.

“Los gobiernos de la región deberían mostrar un gran interés por garantizar que estas empresas sean debidamente investigadas, entrenadas, supervisadas y responsables ante irregularidades, ya sean deliberadas o crónicamente negligentes”, apuntó el texto al recomendar un mayor y mejor cumplimiento de leyes nacionales y el cuidado del respeto a derechos humanos por la seguridad privada.

Mayo-junio 2018