Aunque en otros países ya se utiliza este método, en el país no se ha logrado una legislación que lo impulse e implemente.

Los cambios que la tecnología informática ha traído a la sociedad son múltiples, sobre todo por el uso cada vez más incluyente de internet que ha potenciado el flujo de información a niveles que no se habían alcanzado antes.

Entre los aspectos que ha tocado la tecnología está la democracia, donde la innovación ha impactado en su elemento fundamental como mecanismo de expresión de voluntad ciudadana: el voto electrónico.

De acuerdo a Julio Téllez Valdés, investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, se podría pensar que el voto electrónico es un tema novedoso y actual, sin embargo es una manifestación que ya existía en el siglo pasado.

“En México, el actuar legislativo en temas de vanguardia es muchas veces tardío, pero sorpresivamente en esta materia, el siglo XIX se constituye como punto de partida de la regulación de las nuevas tecnologías en materia electoral, que se vieron reflejadas un siglo más tarde en la Ley Electoral del 19 de diciembre de 1911, referida por múltiples autores
como “Ley Madero”, donde se permitía el uso de las máquinas automáticas de votación” precisa Téllez.

En las últimas décadas se han cancelado las propuestas o posibilidades de tener este mecanismo en las elecciones mexicanas. Una de las cancelaciones se vio el 9 de enero de 1987 cuando se anuló la posibilidad de utilizar estos insumos tecnológicos para recibir la votación en procesos electorales federales por parte del Código Federal Electoral.

En la elección de 2018 también se consideró la utilización de este mecanismo para los electores que están fuera del país, pero el fallo del Instituto Nacional Electoral fue negar la posibilidad

En la actualidad existen varios sistemas de votación electrónica, como el de red pública de registro directo electrónico en el que se usan boletas electrónicas y se transmiten los datos de la votación desde el lugar de votación hasta la red pública.

En otras elecciones se han implementado las máquinas de votar DRE (Direct Recording Electronic Voting Machine), que recogen y cuentan los votos en una sola máquina. Además hay sistemas híbridos que incluyen una combinación entre máquinas y boletas.

Aunque para Téllez el sistema puede generar ventajas importantes como la oferta de resultados más fiables y rápidos; en México no se ha logrado tener una legislación en materia de voto electrónico por razones de presupuesto y privacidad.

“Para una futura implantación de la urna electrónica en las elecciones formales se requiere, además de reformas legislativas, de la confianza de partidos, autoridades y electores, con una gran campaña de difusión. Además, la principal causa demostrada hasta ahora es la desconfianza del electorado, el temor que provocan los medios electrónicos, y la distancia del soporte físico”, precisa el especialista en temas jurídicos.

Aunque el voto electrónico también puede tener vulnerabilidades a través de un hackeo del sistema, la modalidad podría traer varios beneficios al proceso electoral como se ha visto en su implementación en otros países, pero tampoco puede dar una confianza plena en el proceso, de acuerdo a lo que indica Téllez.

“Pero lo más importante para salvar nuestra democracia no es la aplicación de la tecnología, sino que los agentes que intervienen en la política tengan el verdadero compromiso de desarrollar plataformas políticas que traigan beneficios a toda la comunidad sin importar el interés partidario o/y empresarial”, finaliza el especialista.

Los antecedentes tecnológicos de esta modalidad datan desde la patente que registró Tomás Alva Edison el 1 de junio de 1869, donde el voto electrográfico quedó como antecedente a los equipos que posteriormente se verían en Estados Unidos. Canadá, Francia, Australia y Suiza también han utilizado tecnología de este tipo para algunas elecciones.

Mayo-junio 2018